A las siete de la mañana aquí en Madrid el viento soplaba como si quisiese el mundo levantarse la costra de la civilización de un solo arañazo. Con los acontecimientos de Túnez, Egipto, Libia etc, hemos visto lo débil que es la piel del estado (no voy a entrar en temas de legitimidad o moralidad de esos estados): economía, justicia, ley, gobierno, orden social.....todas estas cosas que aceptamos como un ecosistema casi natural resulta que se desgajan en el aire como los tejados de chapa ante los ciclones del golfo de México. Y ese ciclón que golpea ciudades y precipita acontecimientos es el interior del hombre, sus deseos, su rebeldía ante la injusticia etc. La fuerza de la mente y el "corazón" que tensa los músculos y lanza los cuerpos a la acción dentro de cuerpos colectivos mas grandes, gigantes que golpean la tierra y modelan la historia.
Mi sensación es que en estos países la semilla de una insatisfacción legitima y cierta, ha sido regada y activada de manera artificial. ¿Estamos ante un laboratorio social, un experimento controlado para modelar el curso social y político de los tiempos?
A medida que el sol se ha elevado entre los edificios y el viento de la mañana limpio el cielo de estrellas, la respiración del mundo se ha ido calmando; ahora las fachadas se inflaman de luz y en la visión de esta pausa descansa el espíritu. Otra vez los trazos blancos de los aviones tejiendo hilos como las arañas, la música de las ruedas sobre el asfalto, los bosques de antenas, los paisajes cotidianos de la ciudad de Madrid en un domingo cualquiera........