Habla en voz alta
incomodando al aire viciado del vagón
nadie le mira
pero todos respiramos su aliento
que resuena dentro
desaliñando nuestro rutina egoísta y ciega.
Su acento es extranjero
por eso sabemos que no es un loco
que sus palabras tienen sentido
y caen como cristales
sobre nuestra carne.
Parece un hombre tranquilo
le abrazaría como a un hermano
si pudiese llegar hasta el
atravesando la masa apretada
de consumidores,
de votantes,
de ciudadanos,
de clientes,
de trabajadores,
untados al vagon como un pate;
si estuviésemos solos
y tuviese el valor y la gracia que el practica.
Le diría que tiene razón
que todo se esta pudriendo rápidamente,
no conducimos el tren que nos lleva
no podemos pararlo
solo podemos confiar.
incomodando al aire viciado del vagón
nadie le mira
pero todos respiramos su aliento
que resuena dentro
desaliñando nuestro rutina egoísta y ciega.
Su acento es extranjero
por eso sabemos que no es un loco
que sus palabras tienen sentido
y caen como cristales
sobre nuestra carne.
Parece un hombre tranquilo
le abrazaría como a un hermano
si pudiese llegar hasta el
atravesando la masa apretada
de consumidores,
de votantes,
de ciudadanos,
de clientes,
de trabajadores,
untados al vagon como un pate;
si estuviésemos solos
y tuviese el valor y la gracia que el practica.
Le diría que tiene razón
que todo se esta pudriendo rápidamente,
no conducimos el tren que nos lleva
no podemos pararlo
solo podemos confiar.