Otra noche calurosa, aplastada sobre la ciudad. Septiembre remolonea el otoño. Por la tarde el parque estaba lleno, la gente comía pipas sin parar, los niños golpeaban cajas de cartón y los perros merodeaban como solo ellos saben hacerlo.
Vi como un perro tonto y chillón perseguía un gato. Este, de tres brincos, trepo gracioso e ingrávido hasta un árbol, mientras el perro desde abajo seguía su estúpida verborrea impotente. Finalmente el dueño lo llamo a gritos y ambos desaparecieron tras una esquina. Me quede observando al felino; lentamente, con movimientos llenos de armonía y ligereza, el gato fue descendiendo rama a rama analizando los pormenores del descenso. Giraba sobre si mismo, valoraba los posibles caminos sobre el abismo, tanteaba distancias, poco después llego al césped y lleno de elegancia se alejo.
La gente seguía comiendo pipas y el suelo poco a poco se cubría de un manto blanco de cascaras; es curiosa esta costumbre, los mismos que regañan a sus hijos por tirar un papel, ven como el hecho mas natural del mundo comer y tirar las cascaras de pipas justo bajo sus pies.
Mas cosas curiosas de hoy miércoles, he visto a un joven chino en su primer día de carnet. Conducía un coche que evidentemente era de segunda mano y detrás llevaba la "L "de recién licenciado. Otra joven le seguía con la mirada, calibrando las habilidades del novato. El coche circulaba por una zona de casas bajas y poco trafico, pero con la aparición del primer coche el chico se metió atemorizado en un hueco a su derecha, a lo lejos veía las luces de freno brillando tensas en la parte trasera del vehículo y a su acompañante caminando hacia el apresurada.